martes, 20 de febrero de 2018

Ojos de Ensueño


A veces en el día me siento atrapada en un sueño, como si el cuerpo en el que estoy no fuese más que una ilusión y yo el espectador de esta trágica comedia. Es entonces donde pienso, “Si este no es mi cuerpo ¿Adónde pertenezco en realidad?”. 

Miles de imágenes corren salvajes superponiéndose a la visión de mi entorno, pero siempre me hace volver en sí, aquel vistazo fugaz al ocaso del día, tantos colores juntos, naranja, rojo, amarillo perdiéndose ante la fuerza de la noche venidera, ¿Cómo no recordar esos mismos colores en las sabanas áridas y extensas? 

Y pasan frente a mi como un espejismo, los ojos de un león siempre al asecho ¿Podría ser yo una criatura tan formidable? Y el espectáculo salvaje de este imponente animal cazando me hace sentir indefensa, aliviada de estar solo mirando. 

Tal vez podría ser un ente más tranquilo, que se deslice por la vida suave como la marea y me veo recorriendo África como la leve brisa mañanera, satisfecha con ver como la vida se desarrolla bajo el sol implacable, recordando un pasado lleno de un verde fulgurante. Plantas y animales tocaría a mi paso, pero ¿No sería solitaria una vida en ese estado? 

Y el ensueño se termina tan pronto como llega, mi cuerpo vuelve a ser mío, tan torpe y adecuado que no podría ser de nadie más, atrás quedan los sueños de ser la brisa del rocío, confinados de momento a esta mente terrenal.

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