martes, 20 de febrero de 2018

Separadas Vida Mía


Brillante sal que de tus ojos mana 
da a tus labios sabor de tristeza,
¿Dónde están los días vida mía 
Donde al son del viento bailabas con ligereza? 



No te veo más, 
No siento tus abrazos, 
Separadas por mil ciudades extrañas 
que hacen temblar mis pasos, 
¿Dónde quedaron esos momentos vida mía 
Donde el silencio era tan cálido como un beso? 



Duele el alma con tu ausencia 
busco tu voz en la brisa 
Anhelando al fantasma de tu risa 
que en los rincones asecha, 
¿Dónde guardé los secretos vida mía 
Que tu voz me confió con el corazón? 



Alejada de mis brazos fuiste 
presa del miedo y la duda, 
Temerosa de las sombras que en las esquinas 
parecían mirarte con gula, 
¿Dónde está el país vida mía 
Que nos vio crecer seguras? 



Robando retazos al tiempo 
para compartir algunas palabras, 
Que tristeza contemplar tu rostro 
y conseguir marcas que no recordaba, 
¿Quién acaricia tu rostro vida mía 
Cuando las tragedias del mundo te asedian? 



Y desde aquí 
inmersa en el caos y la desidia, 
En esta nueva nación que al mundo ostentan 
veo como la vida lentamente se marchita, 
Como bajo el hambre perdidos quedan 
aquellos lugares donde hicimos historia 
¿Cómo recupero vida mía 
esos parajes con sabor a nosotras? 



Y esperaré, 
Esperaré mil años si es necesario,
Soñando en un día donde vuelva a ver 
tus ojos cálidos como antaño, 
Cuando acortes la distancia que nos separa 
atravesando ciudades sin ver, 
Guiada por los susurros que doy al viento 
cuando se que nadie está escuchándome, 
¿Dónde te espero vida mía 
Cuando vuelvas sobre tus pies?

Un Dígito por Vez


Un día simplemente me sentí anciana, que es perfectamente posible con 22 años de edad. 

Viendo calles vacías y servidores llenos. Las jugueterías solas y los cyber sin espacio para otra alma. 

Pidiendo ayuda a mis sobrinitos para entender una aplicación del teléfono nuevo, extrañando sus botones y pantallas insensibles mientras ellos me relatan los entresijos de los comandos por voz y las redes sociales. 

Mirando libros de lejos con la vista penetrante de los ecologistas vigilando mis movimientos, olfateando los tomos más viejos cuando creo que nadie me ve. 

Sigo sin entender el atractivo hipnotizante de una actualización que se ve igual que las cuatro anteriores o de un teléfono tan delgado y grande que no sé cómo agarrar. 

Definitivamente nací en la era digital, es solo que yo al igual que muchos de mis congéneres de la tercera edad, pertenecemos a la era de un dígito por vez.

Soledad Bajo la Piel


Hay cosas difíciles de explicar en palabras, cosas que solo se saben por la experiencia, ¿Cómo explicarle a un europeo el sabor de una guanábana? O a una persona que solo ha vivido en el Ecuador, ¿Cómo le explicas la sensación de un invierno de 30 Cº bajo 0? Son cosas, hechos y sensaciones que solo los más versados podrían poner en palabras que sepan llegar a los corazones de todos. 

Los sentimientos son otro de los grandes placeres y pesares que solo el ser humano es capaz de sentir con gran profundidad; el amor, la tristeza, la ira, la felicidad o los celos, son sensaciones conocidas en concepto pero que nunca llegan a tener real significado hasta que se vive en carne propia y se experimenta de primera mano todas las implicaciones que uno de estos comunes sentimientos conlleva dentro de una persona. 

La soledad es uno de ellos. Las personas con regularidad no conocen realmente lo que es sentirse "solo", el ser humano es por naturaleza un ser sociable que siempre trata de pertenecer a algo, ya sea a un grupo, a una sociedad, a un país, por ello constantemente está buscando entre sus pares alguien que comparta sus ideales, intereses, gustos. 

Con los años es cada vez más complicado conectar realmente con alguien, las personas están más preocupadas por lo que implica vivir, de las cuentas, el dinero y el trabajo; que por vivir realmente, corren de un lado a otro sin descanso, de sol a sol para sustentar una vida que no están disfrutando. Es sumamente triste ser partícipe de esta escena donde la gente no tiene tiempo de detenerse a hablar con un amigo, saludar a un conocido, abrazar a su hermano, puesto que a la larga, cuando ya han cumplido con las metas de éxito y fortuna por las que trabajaron toda su vida se dan cuenta repentinamente, como si despertaran de un sueño, que no tienen a nadie con quien compartir esta dicha, que están solos. 

Indudablemente más desgarrador que saberse solo por decisión propia, por haber atendido al trabajo en vez de a las amistades; es saberse solo por abandono. 

En Venezuela se está atravesando un difícil momento económico, social y cultural, una situación terrible por la que muchas personas han decidido migrar a otros países en busca de oportunidades de vivir, porque en este momento los venezolanos sobreviven, no viven y la diferencia solo la conoce realmente quien se ha visto con insomnio en las noches, atormentado por si al día siguiente al salir a buscar víveres, los conseguirá en algún lado, si el dinero será suficiente y si no lo robaran o asesinarán en el intento. 

Con cada día que pasa más y más personas huyen despavoridas a otras tierras buscando mejor calidad de vida, buscando un lugar que les ofrezca cosas que todos en el mundo dan por sentado, un trabajo que genere el suficiente dinero para comer al menos dos veces al día, un hogar donde los servicios de agua y luz no se vayan por semanas interminables, una ciudad donde salir a la calle no represente un atentado a tu vida. Y se sentirán solitarios, lejos de sus padres, amigos, de su cultura y costumbres, lejos de su tierra, lejos de su hogar, pero la tranquilidad de saberse a salvo, vale cada gramo de soledad que puedan llegar a sentir. 

Ellos serán felices, eventualmente conseguirán amigos, formarán parte de un grupo y adoptarán esa nueva sociedad como propia. Pero ¿Ha reparado alguien en los que se quedan? 

Ya sea porque no tienen el valor o los medios para salir al exterior, es terrible presenciar como estas personas se van quedando solas, abandonadas por sus amigos y familia, sin poder hacer nada, y más importante, sin querer hacer nada para evitarlo, es decir, ¿Por qué le negarías a alguien a quien quieres la oportunidad de vivir mejor? Y lentamente pero sin pausa ves como su círculo de amigos, sus hermanos, todo, desaparece de su entorno dejándolo atrás, viendo fantasmas en los huecos dejados, sin nadie con quien compartir sus miedos del día a día, sus preocupaciones, sus alegrías dentro de tanto desespero. Es terrible, esto hunde a la gente, la sensibiliza a la angustia que flota en el ambiente y se cuela por cada grieta dentro de las personas, las consume y no deja nada más que un cascarón vacío. 

Parejas que se separan, que se prometieron un "por siempre" que se desvanece con cada milla que se aleja el avión. Pues es difícil prometer un "en la salud y en la enfermedad" cuando se presenta una oportunidad que lleve a una sola de las partes al exterior. ¿Cuantos corazones no se hayan hoy empañados por la tristeza de la espera? ¿Cuantos corazones no se han destrozado ante la certeza de que una vez en otro país la idea de volver es casi impensable? Solitarias caminan las jóvenes almas por las calles, actuando en automático y por inercia, haciendo todo lo necesario por sobrevivir otro día más, pensando en los que perdieron fruto del hampa, de la represión, de la injusticia, y en aquellos que perdieron en la distancia, los que están más allá de donde alcanza la vista. 

La soledad es terrible en todas sus formas, atenaza al corazón y tiene en sus esbeltas manos a una nación completa, a los que se van y a los que se quedan. Será una sombra al asecho durante muchos años atormentando personas de todos los estratos y edades, a los abandonados y a los valientes, y tal vez algún día logren limpiar esa sensación de su cuerpo, del frío de no tener a nadie a quien hablar, de la tristeza de saberse lejos de los que amas; pero inevitablemente el sentimiento estará allí, porque es difícil entenderlo si solo te lo explican con palabras, pero una vez que lo experimentas en la piel se queda allí por siempre, ese conocimiento no se desvanece de la memoria y se desliza como un escalofrió en la columna a la menor oportunidad que le otorgues de volver.

Sinfonía de la Naturaleza



Agua cristalina, 
Dulce manantial, 
Brotando desde el cielo, 
Con tranquilo tintinear. 


Desde mi ventana, 
Cual ensueño lunático, 
Parece cada gota, 
Entonar un cántico. 


Y ante tal demostración, 
De fuerza natural, 
No hay otro remedio, 
Que las plantas retoñar. 


Pues cada gota equipada, 
Con dulce voz de sirena, 
Impulsa a las criaturas, 
Inyecta vida a sus venas. 


Una gota solitaria, 
Es sinfonía y belleza, 
Todas juntas ellas forman, 
Natural orquesta.

Ojos de Ensueño


A veces en el día me siento atrapada en un sueño, como si el cuerpo en el que estoy no fuese más que una ilusión y yo el espectador de esta trágica comedia. Es entonces donde pienso, “Si este no es mi cuerpo ¿Adónde pertenezco en realidad?”. 

Miles de imágenes corren salvajes superponiéndose a la visión de mi entorno, pero siempre me hace volver en sí, aquel vistazo fugaz al ocaso del día, tantos colores juntos, naranja, rojo, amarillo perdiéndose ante la fuerza de la noche venidera, ¿Cómo no recordar esos mismos colores en las sabanas áridas y extensas? 

Y pasan frente a mi como un espejismo, los ojos de un león siempre al asecho ¿Podría ser yo una criatura tan formidable? Y el espectáculo salvaje de este imponente animal cazando me hace sentir indefensa, aliviada de estar solo mirando. 

Tal vez podría ser un ente más tranquilo, que se deslice por la vida suave como la marea y me veo recorriendo África como la leve brisa mañanera, satisfecha con ver como la vida se desarrolla bajo el sol implacable, recordando un pasado lleno de un verde fulgurante. Plantas y animales tocaría a mi paso, pero ¿No sería solitaria una vida en ese estado? 

Y el ensueño se termina tan pronto como llega, mi cuerpo vuelve a ser mío, tan torpe y adecuado que no podría ser de nadie más, atrás quedan los sueños de ser la brisa del rocío, confinados de momento a esta mente terrenal.

No Temas a la Vida


Pequeña Criatura, 
dentro del caparazón, 
sal fuera a conocerme, 
pierde miedo a mi voz. 


Varios días han pasado, 
arrullándote con melodías, 
aún con voz de sirena, 
no asomas las raicillas. 


Tal vez no es música buena, 
aquello que anhelas más, 
tal vez un poco de agua, 
te haga salir a jugar. 


Pequeña criatura, 
que ahora se asoma, 
flotando en el agua, 
tu vida atesora. 


Oh criaturilla, 
tan singular, 
convertida por el agua, 
en un brote sin igual.

Lágrimas del Cielo

Agua hay en todas partes, 
y en todos por igual, 
transmitiendo como nadie, 
sentimientos de verdad. 


De todas sus presentaciones, 
solo hay una que sin más, 
encierra mil significados, 
su tamaño inusual. 


Una gota tan sencilla, 
un misterio de verdad, 
destruyendo las familias, 
como lágrimas de pesar. 


Un lamento encerrado, 
por el joven caído, 
como llanto las estrellas, 
la alegría al olvido. 


Una sola gota, 
de esta agua salada, 
impulsa al infinito, 
las fuerzas, la esperanza.

Jerarquía Felina

Muchos años han pasado desde mi época dorada, aquel entonces donde sólo ser como yo te aseguraba las más inverosímiles atenciones, y se han de preguntar ¿Cómo un gato en este siglo puede a los egipcios recordar? Es muy sencillo, todos nosotros lo gatos, descendemos de un ser inmortal. 


Cada felino de mi estirpe muere y renace cada vez, como quedarse dormido un momento para luego despertar en un nuevo cuerpo, y en todas estas vidas, que son evidentemente más de 7, he conocido toda clase de humanos, pero nunca como aquellos que en Egipto habitaron. 

Recuerdo grandes palacios, inmensos incluso para la multitud, con paredes ricamente decoradas y con un almohadón suave junto a deliciosos manjares siempre dispuestos para todos los gatos presentes. 

Como los humanos eran tan serviles, hoy en día han olvidado quien es el dueño realmente, y de aquella diligencia pasmosa han pasado a pensar que somos nosotros las mascotas. 

No perdemos la fe realmente de que ellos se percaten de su error, por ello en cada oportunidad que se presenta mostramos con orgullo estos ojos que antes pensaban eran la conexión con un Dios, en espera de que al verlos ellos logren recordar cuan valiosos e importantes somos los gatos en verdad.

Encanto de Rivera


Un día desperté en un lugar desconocido. Había un cielo claro y junto a mí un río impasible, ningún sonido alcanzaba a escuchar desde mi posición en la arena, sin animales en movimiento ni el sonido de la brisa al pasar entró en mí una desesperación acuciante que rogaba por algo que acabara con ese escenario de innatural tranquilidad 

Una sola lágrima cayó de mi rostro al agua y como si ésta fuese un presagio de lo que ocurriría, cinco ondas partieron de allí hasta la otra orilla del río, en algún punto que mis ojos terrenales no eran capaces de apreciar. Y esa sola lágrima rompió el encanto que tenía atrapado aquel paraje pues donde atravesaban las ondas el agua, la vida se abría paso desenfrenada 

Hipopótamos surgieron de repente del otrora impávido espejo como quién encuentra la salida de su celda luego de darse por vencido, asustada retrocedí lentamente, como sabia conocedora de su explosivo temperamento y un escalofrío subió por mi espina al sentir el suave toque en mi codo izquierdo.

Lentamente volteé mi vista hacia aquello áspero y frío que rozaba mi piel, ojos verdes de lagarto y una larga hilera de dientes saludaron mi curiosidad, ahí el miedo congeló mi cuerpo y mientras veía a aquel ser ingresar al agua del Nilo recordé el enorme pesar que sentí cuando solo éramos yo, el sol y el río; verme rodeada de tanta vida me tranquilizo, parecía ser invisible como un espectador.

Carta para Amy


Querida Amy,

Decidir escribir esta carta ha sido difícil, pues tras tantos años recibiendo tu silencio como única respuesta a mis palabras de cariño, la esperanza de que llegaran de nuevo a tus manos y tu corazón, se fue perdiendo en el olvido de mi cotidianidad y la tristeza de tu indiferencia.

Esta podría, y debería, ser la última vez que te escriba y es para darte las gracias y despedirme, pues fuiste tú quien hace tiempo con tus suaves palabras y tu cálida presencia me enseño que este órgano que late en mi pecho tiene más funciones que bombear sangre. Puede sentir. Puede querer. Puede doler. Pero pase lo que pase y a pesar del sufrimiento, el amor que me enseñaste a sentir con él valdrá la pena toda la vida.

Debo admitir que te odié un poco al principio, ya que prometiste no olvidarme cuando partí y tu silencio, que aumentaba conforme se alargaba nuestra separación, fue como perder el único punto de apoyo que había en mi vida. Lloré, grité, sufrí. Te busqué en otras personas y fue insuficiente; te busqué a ti donde te había dejado y no había rastro de tu ser.

Cuando di por perdidos mis esfuerzos de encontrarte recordé el ahínco con el que trataste de enseñarme acerca del amor, de todo lo referente al amor.

Entonces vi tu jocosa camaradería en el cariño reflejado en los rostros de mis nuevos amigos, y me hizo sentir acompañada.

Vi tu comprensión en las caricias de mi hermanita durante los días más grises, y me hizo sentir querida.

Vi tu preocupación exagerada en los espavientos nerviosos de mi pareja ante una situación donde peligra mi integridad debido a mi condición como “dodo” y me sentí especial para alguien de nuevo.

Tú me enseñaste, dentro del tiempo donde estuvimos juntas, todo lo que sabias acerca del amor, y por ello te agradezco, por enseñarme a sentir y a querer a todos como son, con defectos y virtudes, por enseñarme a quererte aún a pesar de las distancias y el tiempo, a recordarte con cariño como mi amiga, compañera y confidente.

Por enseñarme que el amor tiene muchas formas y hacerme desear que todos, al menos una vez en la vida, consigan a alguien como tú que les muestre lo hermoso que puede ser el mundo con algo de cariño.

Gracias Amy.

10 veces tú, la tecnología y yo


Diez veces busqué tus ojos y conseguí una pantalla.
Diez veces llamé a tu teléfono y actualizabas tu aplicación favorita.
Diez veces te invité a salir y hablaste más con tus amigos por mensajes que conmigo y el helado que compartíamos.
Diez veces esperé que pausaras un juego que no podía pausarse.
Diez minutos esperé en el aeropuerto por tu despedida.
Diez videollamadas ignoré cuando nos separaba un océano inmenso.
Y hoy diez meses después de obtener la última conversación a medias contigo me encuentro en una plaza hablando con alguien que realmente está aquí conmigo, a la que puedo ver a los ojos sin necesidad de llamarlo por su nombre más de una vez.
Y diez veces le deseé una muerte prematura al teléfono inteligente que le regaló su hermana por su cumpleaños.
¿Tal vez unas diez caídas, tan fatales como accidentales para su pantalla táctil, resuelvan mi problema?